Ética empresarial, el intangible que genera real valor

Ratailers, farmacias, empresas de transporte, aerolíneas, isapres, empresas del sector forestal, constructoras, y en el último periodo las AFP´s, por poner solo algunos ejemplos generales, han sido protagonistas de situaciones que han mermado su reputación corporativa, principalmente por la falta de honestidad de algunos actores, el descontento social que esto conlleva y la incapacidad institucional para resolver conflictos y generar soluciones y medidas reparatorias. Y así en Chile, se repite también en otros países de América Latina.

Si identificamos a las empresas privadas y a las organizaciones públicas, como entes eminentemente sociales cuyo rol principal es aportar valor económico y servicios de calidad para la comunidad en su conjunto, es de vital importancia entender la ética empresarial como pilar clave en su cultura organizacional. Es la búsqueda de comportamientos que aporten al bien común.

El principal error ha estado en obviar este factor fundamente con el objetivo de que la compañía pueda correr más rápido. El problema está que alcanzar la velocidad no implica que vaya a llegar más lejos. La ética es el punto de partida y la piedra angular para la sostenibilidad de las compañías en el mediano y largo plazo. Tener un comportamiento ético, transparente y hacer un uso responsable del poder, contribuyendo al desarrollo de la sociedad, será finalmente el activo más importante y lo que otorgará valor real a las empresas.

De acuerdo a lo estudiado, se calcula que entre el 50% al 60% del valor de una organización no es su material físico; por el contrario, es todo lo que intangible, o sea la reputación corporativa. Tradicionalmente, en el siglo pasado, la reputación de las compañías iba ligada a la calidad de servicio que brindaban: una reputación comercial. Hoy la sociedad y el mercado son más complejos y se fijan mucho más allá del producto y los servicios. Buscan una empresa comprometida con sus colaboradores, respetuosa con el medioambiente y que aporte valor social. Miden la ética empresarial.

En esta materia, es vital que el “Bien actuar” rija como bien dicen “de capitán a paje”. Los Gobiernos Corporativos, los dueños y directores de las empresas deben ser los primeros y mejores cumpliadores de esta cultura organizacional e imprimirla en sus acciones, internas y externas, hasta que formen parte del ADN de la compañía, primero como pilar de sostenibilidad y segundo como gran diferenciador.

Actualmente, el acceso a la información permite dar cuenta al mercado de cómo es realmente el comportamiento ético de las compañías como factor determinante para consumir, para invertir y para trabajar con una mirada de largo plazo, así como para lograr buenos proveedores. Los errores más comunes de las empresas son el no invertir en un código de ética que rija a toda la organización, en comunicación -como canales de denuncia- y en un control de variables de comportamiento. Las malas prácticas hacia los empleados, clientes, consumidores y mercado en general, tarde o temprano son socialmente castigadas. Y ese costo puede ser mayor al de cualquier multa.

Existen formas e índices para medir la ética de una empresa, directa e indirectamente, y es fundamente que se haga a tiempo. The Ethical and Human Rights Compliance (EHRC) lo realiza exitosamente en México y ahora también en Chile.

Si antiguamente era importante evaluar la calidad en los precios competitivos y la logística, hoy eso es necesario, pero no suficiente. La exigencia social demanda que las empresas sean cada día más éticas, más sensibles y que realmente agreguen valor desde una perspectiva más amplia que solo generar utilidades. Es ser y parecer. Cuidar los riesgos, estar atentos y generar un valor social que se transforme en la sustentabilidad de las empresas, la cual finalmente impactará positivamente en el resultado económico de la compañía pero con un valor adicional: el respeto y valoración social.

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